Maldito invasor, como osa a visitar mis sueños, a descubrir mis pechos, sin yo haberlo permitido, en un éxtasis de arrepentimiento, de culpa… ahora que ya no puedo distinguir entre el sueño y lo OTRO, bajo la cabeza, me declaro ignorante y me percato de que ya no soy una niña.
No hay comentarios:
Publicar un comentario