limitada a la presencia,
al acompañamiento,
a las caricias gangrenosas,
él sabia que su techo era la noche,
su cama, el cemento caliente
del sexo sadomasoquista con el sol.
sus ojos eran puro abandono,
¿que mas? mirarlo a los ojos
en son de adios, para saciar su hambre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario